CÚPULA DE LA IGLESIA DE
SAN FRANCISCO EL GRANDE, MADRID

 

Los trabajos que se han realizado (según el pliego de prescripciones técnicas del Ministerio de Educación y Cultura) han tenido como intención el tratamiento óptimo de conservación que ha abarcado la totalidad de la cúpula, con el propósito de consolidar todos los estratos que componen las pinturas y elementos decorativos. Además, se han elaborado diversos trabajos complementarios que permitieran analizar en profundidad la composición estructural del estrato pictórico, así como una memoria histórica de la obra, completada con un análisis comparativo de otras obras realizadas por los mismos pintores que decoraron la cúpula.

En los diez meses que han durado las labores de consolidación, han sido eliminados de la superficie pictórica (en una extensión aproximada de 1300 m2) los depósitos superficiales de polvo, sales y restos de adhesivo de la anterior intervención de emergencia; también se han consolidado y fijado los estratos de la base de preparación y capa pictórica. Además, se realizó un extenso estudio documental de las pinturas desde el punto de vista gráfico.

En los trabajos han participado veinte restauradores, dos químicos, dos fotógrafos, un equipo de historiadores y un dibujante, realizando por parte de este equipo, un total de algo más de cuarenta y una mil horas de trabajo. La intervención ha sido dirigida y supervisada por don Santiago Ferrete Ponce, técnico del Instituto del Patrimonio Histórico Español (I.P.H.E.) y financiada por la Obra Pía de los Santos Lugares de Jerusalén.

Tras la realización de varios informes llevados a cabo por diferentes académicos, y una vez solucionados algunos problemas económicos para su continuación, el propio Rey Carlos III, encargará personalmente el proyecto a don Francisco de Sabatini y a don Miguel Fernández, el entonces director de la Academia, quien concluirá el cierre de la cúpula. En 1784, más de veinte años después de la colocación de su primera piedra, quedaba culminada una de las iglesias más monumentales de fines del siglo XVIII.

Al interior del templo se accede tras franquear un atrio o pórtico, sobre el que se ubica el coro. De planta circular con seis capillas laterales, y la mayor a eje con la fachada, ofrece como cubierta una magnífica media naranja que arranca directamente desde las cornisas a más de veinte metros de altura, culminando con una linterna también de grandes proporciones. La gran cúpula descansa sobre macizos pilares entre los que se colocan las diferentes capillas, pilares que aparecen ornamentados por pilastras dóricas.

Ya en un informe publicado por don José Garnelo y Alda, discípulo de Casto Plasencia, en la Revista "Por el arte. Número 8" se analizaban más profundamente las causas de los graves deterioros de las pinturas de San Francisco, del cual se cita los siguiente: "Un defecto de origen, una inexperiencia en la que nadie pensó dio lugar a que aquellas pinturas se ejecutaran como todos sabemos, al óleo sobre tendido de yeso; había caído en desuso la práctica de la pintura al fresco para la decoración mural; estábamos en pleno apogeo del cuadro de caballete, absorbida por la industria la fabricación de colores y materiales para el artista, de tal modo que todos, merced a la dirección y al movimiento adquirido, vinieron a pecar del mismo mal, si mal puede llamarse, el no pensar en la inmortalidad y conservación de sus obras, y hoy aquellas pinturas, que son páginas brillantes en la historia de nuestras artes, amenazan con extensos desconchones, el irse desprendiendo y así paulatinamente destruirse."

"El yeso, en lugar libre de otro contacto y saturado de aceite, es sólido y duradero; pero al contacto de la humedad, inconsciente y deleznable; en san Francisco el Grande se picó el viejo enlucido y sobre la fábrica abundante en mortero de cal y ladrillo, se tendió una capa que pasaba a veces de diez centímetros de espesor, la humedad de ese superpuesto y la humedad invertida para trabarle produjo una reacción lenta en las sales de sosa y potasa de la cal y el yeso en combinación, que a través de los años han salido al exterior de la pintura."

 

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